El significado del cruzismo: más allá de los partidos, una visión de futuro
- Ciudad Juárez Avanza

- 17 sept
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En el complejo y muchas veces desgastado escenario político mexicano, donde las lealtades suelen definirse por colores y siglas partidistas, surge una corriente distinta: el cruzismo. No se trata de ser morenista, panista o priista. Se trata de abrazar un proyecto de ciudad y de Estado que tiene como eje la figura de Cruz Pérez Cuéllar, un líder que ha demostrado que la política no es únicamente confrontación ni sectarismo, sino conciliación, apertura y visión.
El cruzismo no pretende sustituir ideologías ni borrar las diferencias. Por el contrario, se levanta como un espacio plural en el que convergen voces diversas bajo una premisa común: apoyar a un líder que escucha, que respeta y que ha demostrado que es posible gobernar con firmeza sin perder la cercanía con la gente.
Un liderazgo que trasciende partidos
La historia política de Cruz explica por qué tantos ciudadanos, militantes de distintos partidos e incluso críticos tradicionales han encontrado en él un referente. No es un hombre de trincheras cerradas ni de dogmas incuestionables. Es, en cambio, un político que ha sabido tender puentes y que ha entendido que el verdadero poder no está en dividir, sino en sumar.
Desde su paso como legislador hasta su victoria al Senado en 2018 y su actual papel como presidente municipal de Ciudad Juárez, Pérez Cuéllar ha demostrado consistencia: la misma voz firme en tribuna, la misma capacidad de negociar con altura de miras y la misma sensibilidad para mirar de frente a cualquier ciudadano, sin importar condición social o política.
Quizá ahí radica la esencia del cruzismo: en seguir a una persona antes que a un partido; en reconocer que los proyectos colectivos necesitan líderes de carne y hueso, con historia, con experiencia y con convicción.
Una experiencia personal

Yo mismo tuve la oportunidad de conocer a Cruz cuando aún no ocupaba ningún cargo político. Era un joven de apenas 20 años, iniciando mis pasos en la política, un mundo en el que muchas veces se necesita padrinazgo o apellido para ser tomado en cuenta. Sin embargo, Cruz nunca me trató con indiferencia ni con superioridad.
Incluso cuando en 2018 alcanzó la senaduría, nunca dejó de ser el mismo hombre que escucha, que estrecha la mano con respeto y que dignifica la conversación. En lo personal, ese gesto marcó mi manera de entender la política: no como un privilegio reservado a unos pocos, sino como un espacio en el que la juventud también tiene cabida y en el que las ideas frescas son bienvenidas.
Cruz y la juventud: un espejo plural
Hoy, al verlo gobernar Juárez, encuentro en Cruz a un referente que representa a la juventud no desde la distancia, sino desde el reconocimiento. Un líder que comprende que las nuevas generaciones no buscamos discursos vacíos ni dogmas inamovibles, sino proyectos con rumbo, con valores y con humanidad.
Por eso, hablar de cruzismo es hablar de una corriente de esperanza, donde caben las distintas posturas, pero todas unidas en torno a un liderazgo claro. Más que una ideología cerrada, el cruzismo es una visión incluyente que se alimenta del respeto y del compromiso con el futuro.
Conclusión
El cruzismo no es solo un nombre, es una apuesta. Apostar por un líder que ha demostrado que la política puede hacerse con cercanía, con conciliación y con respeto. Y es, para quienes creemos en esta visión, una oportunidad de sumarnos a un proyecto que trasciende partidos, que abre puertas a la juventud y que representa un futuro donde la política vuelve a estar al servicio de la gente.





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